La tarea de enseñar en nuestro país, se fue configurando a
partir del interés de formar un estado-nación argentino. En un principio, la
educación estaba a cargo de la iglesia o de particulares que eran contratados
para ejercerla. Sin embargo, poco a poco, a partir del siglo XIX, esto fue
cambiando. Debido a la imperante necesidad de conformar la nación argentina, la
escuela lentamente fue convirtiéndose en el espacio social en el cual se
produciría la homogeneidad necesaria para que finalmente exista un Estado
Nacional: “(La escuela) fue la institución que el Estado nacional creó para su
propia legitimación” (Birgin, p. 22)
A su vez, esta institución requirió la asistencia de una
numerosa cantidad de docentes. Para que esa homogeneidad en la enseñanza para la
constitución del Estado fuera posible, el Estado debía hacerse cargo de la
formación de estos docentes y definir cuál sería el saber educativo legítimo
que estos debían transmitir. Las escuelas normales se conformaron entonces como
las instituciones especializadas en conformar un cuerpo de agentes homogéneos
que asegurarían la conformación del Estado argentino. Es asi como: “El
magisterio se transformó en una profesión de Estado (…) como un deber y una
necesidad del Estado para la conformación de la nación” (Birgin, p. 23)
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