Historicamente, la tarea de enseñar se configuró como una forma más de regulación social. Birgin (1999) señala que "los sistemas educativos constituyeron una tecnología de Estado para la construcción de las naciones y para la regulacion de los procesos educativos destinados a la infancia" (p. 11). Esto se ve reflejado en nuestro país en la estatización de la profesión docente y en el creciente interes del estado en la educación y la formación docente. La formación docente puede considerarse parte y hasta consecuencia del proceso de construcción del Estado argentino. El estado se hizo cargo de la formación docente y se constituyó en empleador de la mayoría de ellos. Se constituyó una pedagogía basada en el docente como representante del estado, al servicio de las necesidades del estado. Como consecuencia, se debilitaron los esfuerzos por darle un marco científico a la enseñanza. El docente era simplemente un funcionario de estado cuya función no era ni pensar, ni reflexionar, sino para obedecer ordenes de los funcionarios. Para ilustrar este fenómeno, Birgin (1999) sostiene que "Desde la lealtad (y neutralidad) moderna como funcionarios, los maestros y maestras adhirieron a las finalidades funcionales e impersonales del Estado del que eran servidores. La capacidad ética del burócrata consistía justamente en subordinar la autorreflexión a la expertez impersonal y neutra de las obligaciones de su oficio" (p.27). Este fenómeno, se observó especialmente en los maestros y maestras de escuelas primarias formados en las escuelas Normales.
A diferencia de los docentes de nivel primario, los profesores de enseñanza media se caracterizaron por su preocupación e interes por formar a la elite política del país. Segun Dussel, esta función se ve reflejada en el curriculum humanista tradicional con enfásis en la enseñanza del latín y griego. Estos profesores eran egresados universitarios o intelectuales sin título para quienes su desempeño como profesores en los colegios nacionales era una etapa que les permitía progresar en la función pública. A medida que se expandió la educación secundaria, se perdió la función de formación de la elite politica. La consecuencia de este proceso fue el surgimiento de los profesorados para el nivel secundario. Es en este contexto que en 1904, Joaquín Victor Gonzalez, quien en ese momento se desempeñaba como ministro de Justicia e Instrucción Pública, firma el decreto para la creación del Seminario Pedagogico, que se convertiría en el Instituto Superior del Profesorado "Joaquín V. Gonzalez".
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